Así pasaron los meses, probando la fórmula
uno, probando su sabor el otro. Para Mangini, un hombre
de carácter fuerte, ex campeón de lucha grecorromana,
aquello era un desafío.
Un folleto editado por Pepsi en 1992 -escrito por su ex
funcionario Carlos Pijuán- relata que Mangini"se
sumergió en una febril búsqueda de hierbas silvestres y
frutas. Ninguna se salva de ser exprimida, diluida,
mezclada. Agita, deja reposar, prepara fuego con leña,
calienta el brebaje lo enfría, y con él concurre al
club una y otra vez durante dos años".
Julio Monestier, un familiar de Mangini recientemente
fallecido, cuenta en un escrito inédito que esos "largos
meses de tanteos y experimentos tuvieran al fin su
recompensa" el día que Jones sentenció: Esta es
verdaderamente el agua tónica inglesa.De tanto probar y probar fórmulas
y licores diversos, Mangini había engordado. Su esposa
lo retaba por ello y lo cachaba por ir tan seguido al baño,
relató su nieto Marcelo Ceriani, de 33 años.
Mangini se lo tomaba con humor. Años después le contó
a uno de los camioneros que transportaban sus bebidas cómo
habían sido aquellos días probando potajes imperfectos.
"Un día el Viejo me dijo: Me agarré unas cuantas
cagaleras probando"', recuerda Roberto Paladino, que
hoy tiene 62 años.
Apenas Jones dio el visto bueno, Mangini comenzó a
fabricar el agua tónica. Las fuentes no coinciden
respecto a la fecha de inicio de la producción, se sabe
que fue en los años 20. Su primer nombre fue "Príncipe
de Gales". La calidad del paladar de Jones fue
ratificada por el público: la nueva bebida fue un éxito
en el pueblo. Luego su fama llegó a Durazno. Los pedidos
crecieron de tal modo que pronto Mangini dejó de
fabricar jabón y se concentró en las bebidas, sobre
todo en la tónica. Con el paso del tiempo y viendo que
la fama de su agua seguía creciendo, le cambió el
nombre para homenajear al pueblo donde la había creado:
Paso de los Toros.
En la pizzería 18 de Julio, en Paso de los Toros, todavía
conservan tres de aquellas primeras botellitas, que cada
día eran más requeridas. En 1946 ya se vendían en la
capital. "Mi padre le llevaba un camioncito chico
por semana a un tal Sanguinetti que empezó a distribuir
la tónica en Montevideo ", relató Paladino.
Aquello del camioncito chico una vez por semana "habrá
durado seis meses" porque los montevideanos cada vez
pedían más y hubo que multiplicar los envíos.
Pero el éxito comenzó a generarle un problema a Mangini:
su fábrica no daba abasto y él carecía del capital
necesario para ampliarla.
"Un día a Rómulo se le ocurrió ofrecerle a unos
baristas grandes de Montevideo hacerse accionistas"
continuó Paladino.
Mangini le propuso a Sanguinetti que lo ayudara a
conseguir el apoyo de esos comerciantes. Pero -recordó
Paladino- el distribuidor montevideano le respondió a
Mangini: "Con esas agüitas sucias no vas a hacer
mucho".
Consiguió los capitales
en 1947. Dos acaudalados hombres de Durazno -Frank
Marshall y Adolfo Caorsi- se asociaron con Mangini para
fundar la Sociedad Anónima Agua Tónica Paso de los
Toros. Además, se pusieron en venta acciones en el
pueblo, a diez pesos cada una. "De inmediato se
instaló en el viejo local una moderna máquina que
aumentó en forma extraordinaria la producción",
explica Armúa en su libro.
"En 1947 ya usábamos cuatro camiones para llevar el
agua tónica a Montevideo y cada uno hacía tres viajes
por semana. En verano-recuerda Paladino- no dábamos
abasto. Yo Ilegué a hacer un viaje por día. Cada vez
llevábamos más".
Mautone es uno de los pocos ex empleados de Mangini que
sobrevive. Tiene 81 años, diez hijos, más de 60 nietos,
ocho bisnietos y un hogar muy modesto ubicado donde la
avenida 18 de Julio, la principal de Paso de los Toros,
comienza a transformarse en campo. Cuando habla del agua
tónica, los ojos le brillan. "Si usted estaba
engripado o se sentía mal, se tomaba una y un mejoral y
¡usted volaba!".
Mangini solo confió su fórmula a su empleado de mayor
confianza: Vignoly.
"Había un altillo donde se preparaba la esencia,
pero solo subían él y Vignoly. Mi papá sabía hacer la
Manzanet, que era tan rica, pero el agua tónica nunca
supo", relató Raquel Torres que cuando niña se
paseaba entre las máquinas de la fábrica porque su
padre era uno de los empleados más antiguos.
Mautone recuerda que "cuando Vignoly terminaba de
preparar un jarabe; le hacía una seña y el Viejo subía
al altillo y probaba. El Viejo siempre tenía que dar el
visto bueno".
Sin embargo, había un ingrediente que todos conocían:
rayadura de cáscara de naranja. "Contrataban
mujeres para rayar naranja. Las rayaban a mano, con
rayadores parecidos a los de cocina. Usaban solo la cáscara
y regalaban las naranjas peladas: todo el pueblo comía
naranjas gratis ", explicó Torres.
Torres no tiene muy buen recuerdo de Mangini. "Tenía
mal carácter. Cuando le pedían dinero decía: "Los
pobres tienen que comer polenta y porotos"'.
Para Mautone, Rómulo era un jefe duro pero noble: "Como
todo el personal, pasé muchos malos ratos ahí, porque
trabajé como 20 o 21 años y el Viejo, como todo patrón,
tenía sus cosas. Pero cuando lo precisé, siempre estuvo
puesto".
"¿Sabe cuál era el sistema que tenía para
retarnos?", pregunta sentado en una de los dos únicas
sillas de su pieza. "Cuando se enojaba empezaba a
bajar la escalera, y a medida que se acercaba iba
apagando todas las máquinas. Cada paso que se acercaba,
más silencio se hacía. Cuando había apagado todo, ahí
nos empezaba a retar. Nos gritaba, pero nadie le
contestaba. ¡Quién le iba a contestar! Si pesaba como
200 kilos y había sido campeón de lucha grecorromana!
Gritaba: "Si hay algún hijo de una gran puta que me
quiera pelear ¡le pago para que me pelee! Era bravo,
pero de buen corazón".
El 17 de julio de 1948 el periódico isabelino La Idea
homenajeó a Mangini y "a la consagrada y
recomendada Agua Tónica, conocida y apreciada, no solo
por su sabor exquisito sino también por sus condiciones
medicinales".
"En honor a la verdad-se decía- es la única fábrica
que funciona en esta villa, y que merced al esfuerzo
incesante de su gestor y director-técnico, ha llegado a
un grado de perfeccionamiento y actividad que ya no solo
es conocida en este centro de la República, sí que
también en el litoral, playas del Este y en la misma
metrópoli"
José Pedro Alvarez, hoy de 66 años, recuerda que fue
empleado por la fábrica en 1949: "Las maquinas no
daban abasto, trabajábamos fuerte de día y de noche; en
tres turnos de siete horas".
Precisamente tal era el crecimiento de la demanda en la
metrópoli, que a principios de los años 50 Mangini y
sus socios instalaron una segunda fábrica, en la avenida
Millán, en Montevideo.
"Un día llegaron a Paso de los Toros unos
representantes de Pepsi Cola y comenzaron a ofrecer
dinero por las acciones de la fábrica ", recuerda
hoy Armúa. "Mucha gente las tenía olvidadas en los
roperos. Fue un revuelo, todo el mundo buscando. Pepsi
las pagaba muy bien y todos las vendieron locos de la
vida".
Pepsi se dedicó, paso a paso, socio a socio, a conseguir
la mayoría de la empresa y lo logró el 14 de febrero de
1955. Con la mayoría también consiguió la fórmula
secreta.
Aquello fue duro para Mangini. "Demasiado pronto, el
capital accionario del presidente quedó en minoría. El
viejo luchador sintió hondamente que la empresa de toda
su vida ya no era "su empresa", escribió
Monestier.
Poco después, el 19 de enero de 1957, Mangini murió.
Murió el Viejo y todo cambió", opinó Mautone. El
ex empleado recordó que todas las bebidas "las hacíamos
con agua corriente, pero la soda y la tónica se hacían
con agua de un pozo que estaba en la misma fábrica. La tónica
nunca fue la misma, porque el secreto era el agua de ese
pozo. Ahora es agua dulce nomás".
Todos los que vieron la tónica de Mangini, concuerdan en
que tenía reflejos azules.
"Era azulada. Uno la ponía a contraluz y veía el
tornasol que formaba el aceite que llevaba, extraído de
la cáscara de la naranja. La de antes le sacaba el dolor
de estómago como si fuera un medicamento. Ahora es todo
hecho en base a productos químicos. Nunca va a ser igual",
dijo el ex empleado Alvarez.
Después de la muerte de Mangini Pepsi cerró la fábrica
de Paso de los Toros y la tónica fue fabricada solamente
en Montevideo. "Afortunadamente, el destino no quiso
que él fuera testigo del desmantelamiento y la
desaparición de la planta embotelladora isabelina, (...),
drama al que la población local asistió con asombrosa
pasividad y que constituyó una injusticia histórica
para el creador del producto que ha paseado el nombre de
Paso de los Toros por el mundo ", escribió
Monestier.
Pepsi insistía ante la familia de Mangini para que
vendieran las acciones que aún permanecían en su poder.
La viuda de Rómulo falleció en 1958. En 1961 la hija
del matrimonio Mangini accedió a vender.
"Hoy yo no lo haría. Creo que mi madre lo hizo mal
aconsejada y por todo lo que se le vino arriba de golpe,
con la muerte de sus padres", dice hoy Marcelo
Ceriani, 33 años, nieto de Mangini y funcionario del
Sodre.
El local donde estuvo instalada fábrica todavía existe,
frente a la estación de trenes de Paso de los Toros, en
una calle rebautizada Rómulo Mangini aunque los carteles
todavía no fueron cambiados y conservan el nombre
anterior: Treinta y Tres.
En la fachada aún se lee "establecimiento
industrial". Adentro todavía está el pozo de donde
se extraía el agua de la tónica. Está sellado y -dice
la leyenda- lleno de vidrio, arrojado cuando se cerró la
fábrica. Sobre el techo aún cuelgan, inútiles, algunos
de los caños por donde circularon los brebajes de
Mangini. También se conserva la puerta original de la cámara
frigorífica.
Más allá de eso, de la fábrica no queda nada. La mitad
del local es hoy un galpón semivacío; la otra mitad,
una oficina pública.
En Paso de los Toros no todos se resignan a que aquello
se haya ido para siempre. "Se ha movilizado gente
para que Pepsi Cola abra una fabrica acá, aunque sea
chica, para que los que llegan y preguntan por el agua tónica
tengan algo para ver. Pero no hay interés"; lamentó
Gustavo Reisch, periodista local.
Los intentos son cíclicos. Ramón Anzalá era presidente
del centro comercial cuando una delegación fue a hablar
con Pepsi en 1982. Se les respondió que la empresa
"tenía una dependencia prácticamente total de su
casa central en Estados Unidos" y que allí ni se
pensaba en reabrir la fábrica.
"Después que todo quedó descartado con Pepsi,
iniciamos gestiones con gente vinculada a Coca Cola",
continuó Anzalá. El grupo se había contactado con
Vignoly y éste les había demostrado "con hechos
fehacientes" que conocía la fórmula secreta.
"Entonces le ofrecimos a la gente de Coca-Cola
mejorar la Itú hasta darle el sabor de la Paso de los
Toros. Pero ahí quebró la tablita y eso echó por
tierra todos los intentos".
Hoy Vignoly también está muerto y "ya nadie sabe cómo
hacer la tónica", sentencia Torres.
La historia dio la razón al olfato empresarial de Pepsi.
"El agua tónica Paso de los Toros es un fenómeno
sorprendente, demostrado por su triunfo absoluto sobre
las otras aguas tónicas contra las cuales compitió
", dice el folleto de Pijuán.
Paso de los Toros fue lanzada en Argentina en l964 y
conquistó 95% del mercado, un guarismo impresionante si
consideramos que su único y gran oponente (agua tónica
Cunnington) contaba con un firme arraigo desde 1940",
agrega.
En Uruguay su imposición es mayor aun. Según el
departamento de marketing de la Pepsi local, Paso de los
Toros acapara prácticamente el 100% del mercado de las tónicas.
En Paso de los Toros existen emociones cruzadas respecto
a la historia del agua tónica.
"Mangini pudo haberse hecho multimillonario, pero
cometió el error de hacer una sociedad anónima ",
dice Alvarez.
"La pena es que malvendió aquella fábrica, donde
trabajaba tanta gente", dice Torres.
"Es un orgullo. Muchas veces no nos conocen como
pueblo, pero nos conocen a través del agua tónica.
Gracias a ella saben que existimos. Eso es muy importante.
Lamentablemente no dejaron nada acá. En vez de adelantar
al pueblo, lo atrasó ", resume Alvarez.
Durante años, en casa de los descendientes de Mangini,
no se habló de la tónica, de la fábrica perdida ni de
los millones que Pepsi gana con el invento de su padre y
abuelo.
"No se hablaba mucho del tema para no ahondar el
dolor de la vieja"; explica Roberto Ceriani, nieto
de Mangini, de 32 años.
Nada quedó finalmente de la fábrica para la familia. El
dinero que se obtuvo por la venta de las últimas
acciones sirvió para hacer una casa y se acabó. "A
partir de ahí siempre vivimos del salario de mi padre,
relata su hermano Marcelo.
Las pocas veces que "el manto de silencio " se
quebraba, la hija de Mangini "solo pedía que ojalá
se reconociera un día el mérito de su padre para que
alguien en la familia pudiera aprovecharlo".
En cierto modo sus ruegos fueron escuchados. En los últimos
años, Pepsi quiso demostrar su deuda de gratitud con dos
hechos: en 1992 una nueva planta inaugurada en Colonia
fue bautizada "Rómulo Mangini". Además, se
ofreció a la familia que eligiera a uno de los nietos
para ingresar a la empresa. Hoy Roberto trabaja en la
planta que lleva el nombre de su abuelo.
En la semipenumbra de su pieza Valentín Mautone quiere
encontrar los certificados donde constan la cantidad de años
trabajados en la fábrica, pero no recuerda dónde están.
Hay dos sifones azules apoyados sobre la vieja heladera.
"Son de la fábrica. También tenía una botellita
de tónica, pero se me cayó y se rompió".
Mautone recuerda cada detalle de la historia. "Así
era la orden del viejo patrón: después de sacarle la cáscara
a las naranjas; ocho a diez cajones se llevaban a las
escuelas. También se le daba una bolsa a todo el que pedía.
Y el resto se tiraba ".
El barrio donde vive es pobre y su casa es una única
pieza muy humilde. El piso de portland está cubierto de
ramas que, a falta de leña, alimentan la estufa. Casi no
hay muebles y una bicicleta sirve de perchero.
Cuando termina de contar su historia, Mautone sonríe
contento pero, cuando se despide, sus ojos se llenan de lágrimas.
Los recuerdos le han dejado un sabor dulce y a la vez
amargo. Como el agua tónica.
Los socios
Rómulo Mangini y Jorge (George) Jones quedaron para
siempre asociados por el éxito del agua tónica Paso de
los Toros. Mangini nació en Montevideo en 1883. En un
escrito nunca
publicado, su pariente -también fallecido- Julio
Monestier recuerda que Mangini estudió química y que se
destacó en la lucha grecorromana, "actividad ésta
que le valió medallas
de oro y plata en 1919 y 1917 en torneos patrocinados por
los clubes La Razón y L´Avenir". "Es seguro -agrega-
que dicha disciplina modeló el físico y el carácter de
aquel joven que, llevado por su entusiasmo y sus bríos,
llegó a participar en corridas de toros".
Ya en Paso de los Toros, convertido en próspero
industrial, dos veces Mangini fue desafiado a volver a
luchar.
"Un día llegó un forzudo enorme que iba de pueblo
en pueblo haciendo exhibiciones y se hacía llamar Mister
Aladar. Enterado de que en Paso de los Toros vivía un ex
campeón de lucha grecorromana, lo desafió a pelear.
Mangini no quería luchar porque ya estaba retirado y
fuera de forma, pero al final aceptó. Hicieron el espectáculo
en el teatro Sara de Ibáñez", recordó Armúa, que
no pudo ver la lucha porque "mis padres no me
dejaron ir.
Otra vez llegó otro forzudo que doblaba barras de hierro,
enroscándolas en sus brazos. Mangini volvió a aceptar
el reto, esta vez en un descampado y sin público. Ambas
peleas
fueron empatadas.
A Jones se le conoce menos, pero Armúa sostiene que llevó
el primer automóvil a Paso de los Toros y también la
primera pelota de fútbol.
La fórmula
La tónica Paso de los Toros fabricada en Uruguay tiene
los siguientes ingredientes, según su etiqueta: agua
carbonatada, azúcar, saborizantes, quinina y quasia
amara. La fabricada en Argentina tiene ingredientes no
exactamente iguales: agua carbonatada, azúcar,
acidulante INS-330, extracto de naranja, quinina y quasia.
El agua tónica nació en el siglo XVII, cuando comenzó
a mezclarse quinina con agua para conseguir bajar la
fiebre. La bebida comenzó a hacerse popular en el siglo
XVIII en Inglaterra.
La quinina es uno de los alcaloides que se extrae de la
quina, explica la Enciclopedia Hispánica. "Ingerida
a pequeñas dosis-agrega- estimula el sistema nervioso y
hace más lento el pulso. A dosis mayores congestiona el
cerebro, disminuye la excitabilidad refleja de la médula
espinal y baja la fiebre. Su principal aplicación es
contra el paludismo (malaria), como antipirético y tónico".
Gustavo Tamosiunas, de la cátedra de Farmacología de la
Facultad de Medicina, explicó que la quinina se ha usado
y se usa para bajar la fiebre, como antiinflamatorio y
para problemas de arritmias del corazón. "Pero para
saber si el agua tónica puede tener alguno de esos
efectos, habría que conocer la proporción exacta de
quinina que contiene y cómo fue obtenida esa quinina",
explicó.
Manzana Esponda
La fábrica de refrescos de Rómulo Mangini no fue la única
del interior del Uruguay. Muchos pueblos tuvieron su
propia fábrica y muchas de ellas aún existen.
En la pequeña localidad de San Juan, vecina de Tarariras,
la fábrica Fagar produce refrescos de naranja, manzana,
pomelo y también la Fagar Cola, que se venden en Colonia,
Soriano y San José. Allí trabajan unas 170 personas,
dijo Ismael Fuentes, dirigente de la Federación de la
Bebida. También producen refrescos con sabores de frutas
Urreta, en Salto; Salus, en Minas, y la fábrica Lyda en
Treinta y Tres.
En Rosario, Colonia, hay otra fábrica de refrescos,
funcionando ininterrumpidamente desde 1885. Allí todos
conocen la Manzana Esponda, el producto más exitoso del
establecimiento.
"Es una fórmula que inventó Fernando Esponda en
1885 y que ha ido pasando de generación en generación",
relató Elía Esponda, dc 45 años. Al parecer, alguna
vez los Esponda fueron tentados a vender su fórmula -
"una bebida -explicó Esponda- del tipo de la guaraná,
pero más fuerte, con más cuerpo"- pero nunca lo
hicieron y hoy ya van cinco generaciones produciendo la
centenaria manzana.
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